domingo, 18 de julio de 2010

Yolanda

Tengo dos familiares con cáncer actualmente. Una es cercana, la otra la conocí sólo cuando me enteré que estaba enferma, fue en una de esas visitas moralmente obligatorias en las que tíos y padres dicen "Visitaremos a tu prima que está en el hospital porque tiene cáncer". Uno ni puta idea de quién es, pero el hecho que tenga una enfermedad tan seria y que sea un relativo tuyo, así sea prima porque es la hija del hermano del papá de la tía de tu papá (Esa de pana creo que es mi relación con la 'padeciente'), te crea una suerte de obligación de acudir a las largas, incómodas y tensas visitas a hospitales...
En fin, hoy no fuimos a un hospital si no a la casa de la prima, por ahí en Palo Verde. Por cuestiones de respeto y tacto me iba mentalizando que quizás iba a encontrarme con una imagen de ella un tanto más deteriorada a la primera vez que la vi, que si fue en un hospital. Sí tenía cabello, pero una aterradora flacura y una palidez fantasmal despertaron en mí todas las clases de pensamientos que seguramente ustedes también tendrían "No pongas cara de shock", "Sonríe, haz como si nada", "Echa chistes, ponte como si estuvieras cómoda", "Aunque tengas una gran urgencia que no se te salga imprudencias como que "te estás muriendo por...Ir al baño, comer, etc", aunque no es que la primera vez que la vi haya lucido muy saludable que digamos, pero esta vez me impactó porque si se notaban los estragos y la destrucción que ha estado acarreando en su lucha por la vida.

Ella es colombiana, de esas que se nota que se cuidan y comen sano, pude ver una foto de ella en sus años pre-enfermedad y a pesar de tener 50ypico estaba bien conservada....pero ahora es como si su cuerpo hubiera corrido como 20 años en la maratón del tiempo en tan sólo 2 años.

Es fuerte.

Cuando nos despedíamos me llamó la atención o bueno, me pasmó un poco notar cómo en un tono casi  suplicante le respondió "ay si, por favor" a mi mamá cuando ella le dijo "rezaremos por ti". 
Yo no rezo, pero el miedo a morir seguramente me haría gritar todas las alabanzas y cantos religiosos que aprendí mientras estudié en el colegio de monjas.

sábado, 10 de julio de 2010

Insípido

No tengo nada de que hablar, o si, pero nada me convence.
Estaba viendo este tumblr http://happymonsters.tumblr.com y pensé hablar del amor y parejas, pero me parece un poco trillado. Todos sabemos que:
Todos quieren amar y ser amados, pero curiosamente nadie ama.
El que lo hace pierde. Es como una batalla por ver quién no se empepa primero, se supone que si la relación dura es porque fue un empepamiento mutuo y sincronizado, si no, es porque otro intenseó prematuramente.

En fin..

Quería inventar una historia nueva o un cuento, pero creo que me duele la cabeza.

Quería hablar de ésta época nueva y reflexiva (más bien un poco depresiva) que estoy viviendo, pero siento que es muy íntimo como para hablar de eso en un blog.

Aunque creo que este intento de post habla entrelineas de cómo va mi vida.

Tengo hambre.
Me bañaré, comeré y veré los episodios grabados que tengo en la cosa de Directv.

PD: Anteayer volví a creer en Dios. Hizo un buen trabajo convenciéndome.

jueves, 10 de junio de 2010

Miedo.


Tenía tiempo sin sentirme asi. En cierto modo es un placer, del tipo que te da morderte una llaguita en la boca. Lo placentero está en que no sea una situación cotidiana, lo cotidiano es fastidioso y ahoga (aunque el "ahogo" en esta situación es algo irónico).
Es algo en lo que en realidad ya me estaba encaminando y lo disfruto como un logro, ya que no muchas personas invierten sus energias en intentar salir de ese estado de trance o hipnosis humana en la que gustosamente nos introducimos solo para ignorar el miedo, la incertidumbre. No pensar en él, huir, huir, huir!.

A mi me dan miedo muchas cosas. Muchas veces no vivo por el miedo que me da vivir. Me congela y no me deja funcionar correctamente. Aunque eso de no funcionar creo que es más una decisión consciente que automática. Cualquier simple movimiento desata más situaciones que requieren más decisiones, mas acciones y da más miedo. Funciona como estar sumergido en agua y tratar de mantenerla en su total tranquilidad, ni conteniendo la respiración lograrás la quietud añorada.



La pregunta sería ¿Para qué lograr la quietud? Y si lo logras hacer, ¿Qué harás después pequeña genio?
 La vida son olas en el agua, si tú no las creas ella las creará por sí misma. Asi que aprende a nadar y lánzate!

 ESO INTENTO!!
De verdad?

No...

Esa metáfora combina perfectamente con un recuerdo traumatizante de mi niñez: En clases de natación, me tocaba lanzarme del trampolín, todos estaban en el agua impulsándome a lanzarme y yo podía durar una hora en esa tablilla, podía tener toda la disposición del mundo, pero nunca lo lograba, siempre estaba ese miedo paralizante, el que sólo observa pero no te deja estar en escena. Y hasta el sol de hoy, no puedo lanzarme de un trampolín, ni sé nadar.


El mundo es mi piscina, pero no puedo lanzarme porque no se nadar, me ahogaría.
Esa es una excusa.
Lo peor es que yo Odio las excusas, sólo provienen de débiles, de rezagados, de incompetentes.
Sin embargo, tengo tanto miedo que busco excusas para no ser o hacer, pero aborresco en lo que eso me convierte.
Entonces me entran las ganas de huir, de no estar para no tener que ser o hacer. Pero esa es otra excusa.
Cómo lo logran los demás? Cómo salto?

miércoles, 2 de junio de 2010

Minutos después de nacer

Me corté los pies en un accidente.
"Pies de humo" dijo el doctor.
Mis prótesis serán de humo. 
"El material más orgánico" dijo el doctor.
"¡El mejor material, mi amor!" dijo mi madre
"Oí que con eso se contruyó la vida" dijo el abuelo asomando la cabeza por entre las hojas del periódico y siguió leyendo.
"¿Me va a salir caro?" dijo mi padre.
"No se preocupe. Eso lo paga el espíritu de su hijo" dijo el doctor.
"Me va a salir caro" dijo mi espíritu.
Yo sólo quiero saber si dolerá.
"No se preocupe. Eso sólo lo sentirá su espíritu" dijo el doctor.
"Sólo te dolerá si le haces caso a mi dolor" dijo mi espíritu.
"Contra el dolor receto indiferencia. Mucha televisión para el niño. Sexo y Alcohol para el adolescente. Trabajo para el adulto." dijo el doctor firmando un papel y dándoselo a mi madre.
"Muchas Gracias por su tiempo" dijo mi padre estrechándole la mano.
Riendo entrecortadamente atacado por una tos crónica dijo mi abuelo escondido en las páginas del periódico "Bienvenido al mundo hijo mío"

miércoles, 5 de mayo de 2010

Historia 1

El abogado cumplió al pie de la letra con los requisitos que el Sr. Atíbulo Berroterán específicamente solicitaba para la lectura de su testamento. Por lo tanto, en el amanecer de la aurora, nos encontrábamos reunidos un selecto puño de personas en el estacionamiento del hospital donde trabajé cuidando al Sr. Atíbulo en sus últimos y moribundos meses. Las otras personas presentes eran los hijos Berroterán: los gemelos Atilio y Atulio, y el menor Damián, la madre de estos y ahora viuda Leonarda Andaluz y un muy amoroso ‘amigo’, un instructor de Bailoterapia al cual nunca le supe el nombre.
En el discurso del defensor de la ley se proferían muchas palabras en verbo jurídico como “Mi condición de albacea testamentario me otorga el poder de custodiar el caudal hereditario… las sucesiones serán otorgadas a los herederos si se cumplen con los parámetros dispuestos… según este ordenamiento jurídico la voluntad del fallecido se respetará y cualquier intento de contrariar las normas dispositivas será llevado a litigio…”

Yo sólo entendí la parte que se relacionaba a mí, el Sr. Atíbulo me eligió como una especie de árbitro o juez de la última aventura que se le pasó por su cabeza, una especie de juego de retos donde lo que se ganaba era el derecho a acceder a la herencia. “Después de muerto aún jode” dijo Atulio después que se terminaron de leer las instrucciones básicas. El abogado por su parte, me retiró a un lado para entregarme un sobre de manila que contenía una especie de panfleto detallando en forma cronológica las faltas que los jugadores podían hacer y sus consiguientes amonestaciones. Digo ‘cronológicamente’ porque una de las primeras oraciones que se asomaban en la hoja era “En el caso que Atulio Berroterán proclame alguna ofensa hacia mi humanidad después de leído el testamento, la amonestación será el retiro de un 35% del total monetario de su herencia”. Al lado tenía dos opciones a marcar, ‘SI’ ó ‘NO’, en ese momento entendí y caí en cuenta que el Sr. Atíbulo, habiendo notado la templanza en mi carácter en esos meses que compartimos, me vio como una juez competente. “Debió haber sido buen observador”, pensé.

Al marcar ‘SI’, sentí una ola de poder por todo mi cuerpo que me alentaba a no bajar la guardia con el circo Berroterán, los cuales ya se encaminaban a sus respectivas zonas de juego. La primera participante era Leonarda Andaluz, durante el camino al lugar elegido, el nivel de tensión se podía cortar con cuchillo. El cuchillo, obviamente, lo otorgaba el amigo instructor con un par de comentarios sobre lo lujoso que era viajar en limosina y cómo él se compraría una cuando por fin fuera famoso como bailarín de videos de Pop.
Gratamente arribamos rápido, el lugar era un preescolar, el abogado leyó entonces las instrucciones personales del fallecido:
“Estimada Leonarda, te agradezco los años que invertiste en mí, cómo me sacabas en cara que sacrificaste tu hermoso cuerpo para darme descendencia y las dos semanas de apoyo que me diste cuando caí enfermo. Pero quitando eso, eres una pésima madre y peor persona. Sin embargo, te otorgaré sin problemas la parte de tu herencia si demuestras lo contrario. Se que desconoces que te encuentras en el que fue el preescolar de tus hijos, tendrás 2 horas para que aunque sea un niño, los seres humanos más amorosos e inocentes, te diga Te quiero. Suerte”

Lo que pasó a continuación yo lo entendería después de muchos años de reflexión como el resquebrajamiento de los pilares de la dignidad de Leonarda: Soltó un grito ahogado, después una risa nerviosa que terminó en hiperventilación, casi se desmayaba pero sostenida por el bailarín, recobró el equilibrio y le soltó una cachetada al abogado. Asombrosamente en mi pequeño panfleto esto se tenía precavido: “Si Leonarda Andaluz sufre un ataque de pánico después de serle leído su reto y por consiguiente, no lo cumple, lo único que se le cederá será la casa de la playa en Vargas”.
Unos gritos de demanda y de ofensas al muerto, el extravagante par se fugó en la limosina, lo extraño es que, con una puntualidad que demostraba una logística escalofriantemente acertada, un coche fúnebre llegó para buscarnos al abogado y a mí. “Este hombre debió haber sido insoportablemente observador” pensé de nuevo, mientras íbamos a recoger a los próximos participantes, Atilio y Atulio. Los encontramos esperando en una de las redomas más bellas de la ciudad, esta vez el abogado no empezó leyendo, sólo se acercó ofreciéndoles un par de llaves y preguntándoles si las querían o no. Las caras largas que traían los gemelos se vieron inesperadamente alumbradas diciendo, casi gritando, al unísono “¡SI!”. La misma respuesta que yo marcaría en la infracción número 12, la cual decía “Si Atulio y/o Atilio acepta/n la(s) llave(s) sin cuestionarse la razón de ese ofrecimiento, la amonestación será el embargo del Jaguar de Atulio y/o el Range Rover de Atilio, dependiendo del caso”.
El abogado seguidamente ya se preparaba para leer las instrucciones:
Mis hijos, mis primogénitos, el fruto de mi semilla. Ustedes son más inútiles que una bicicleta de ruedas cuadradas. El sufijo de sus nombres bien les queda porque estarán en muchos ‘líos’ si no les dejo nada. Por eso, estoy dispuesto a cederles el capital para que emprendan una empresa si demuestran que me conocían y apreciaban. Elijan entre leer el libro de autoayuda que escribí o simplemente dar la vuelta a esta hermosa redoma, por la cual yo muchas veces deambulé en las noches esperando a que el movimiento del carro los hiciera dormir, tienen las llaves del coche que transporta mis cenizas, den una vuelta por cada por cada año de vida que celebré. Piensen bien.”

Me sorprendió la crudeza en el alma del Sr. Atíbulo, pero más que eso, me sorprendió que los gemelos eligieran el libro en vez del hermoso ritual de despedida. En mi manual se especificaba que si se decidían por el libro, perdían el total de su herencia monetaria, y que la única forma de ganar algo era acertando en el número de vueltas. Los gemelos no reaccionaron bien cuando se les comunicó este cambio de planes, me pareció ver un deja vu, ya que se asemejaba a la reacción que tuvo Leonarda. Después de muchas quejas y groserías, cedieron a regañadientes a hacerlo. De igual manera, mi manual decía que supervisara el número de vueltas, tenían que ser 52, ni más ni menos. La infracción de esta regla significaba que la única herencia sería el carro que manejaban, el cumplimiento de la misma comprendía el derecho legal a seguir viviendo en la Quinta “Berroterán Padre”.
La inusual situación atrajo varios espectadores de la fauna mañanera, lo que me distraía un poco de mi tarea, pero lo que más me desconcertó fueron las primeras palabras extra-oficiales que el abogado me dirigía con aire de tristeza “Pobre Atíbulo, lo que le tocó, ¿sabías que nunca había escrito un libro en su vida?”. Los gemelos, milagrosamente, habían dado las 52 vueltas, cuando se nos acercaron felices, el abogado sin proferir palabra alguna les dio los papeles del coche, sacó las cenizas y partimos en un carro que continuaba con la onda de la precisión fantasmagórica. Desde el retrovisor se saboreaba el desconcierto de los gemelos, algo que me alimentó más que el delicioso desayuno que seguidamente tuvimos el abogado y yo.

Esperábamos a Damián en su restaurant, era Chef de comida tradicional con apariencia de gourmet, cosas de la gente Chic. Finalmente tuvo un tiempo para atendernos, su primera duda, y también la mía, era por qué a él no lo citaron en algún lugar como a su familia. Seguidamente el abogado se dispuso a leer las instrucciones que el Sr. Atíbulo le había dejado:
Mon petit Damián, hijo mío, estoy dispuesto a enviarte de nuevo a Francia para que termines de estudiar en esa academia que tanto te gustaba, te dejo la totalidad de la herencia porque sé que sabrás gastarla de forma justa y dadivosa y te dejo todas las acciones en las empresas bajo mi poder. Lo único que pido es que me perdones, tú fuiste el único al que no pude descifrar y eso me asustó. Quiero que sepas que he sufrido mucho pensando en el daño que te pude haber hecho y que he muerto aceptándote tal como eres. ¿Tú podrías aceptar mi perdón? P.S: El paradero de mis cenizas quedará bajo tu juicio.

Esas tiernas palabras más bien incitaron un coraje pasivo en su persona, después de un expectante silencio de casi una hora, al fin se levantó de su asiento y con un suave hilo de angustia en su voz sólo dijo “Gracias” y se marchó. Por unos 2 minutos quedé paralizada, no podía definir si ese agradecimiento era hacia nosotros o hacia el Sr. Atíbulo. En realidad nunca lo definí. Después de esa extraña mañana no supe más nada de los Berroterán. Sólo sospecho un poco cuando, extrañamente, aparece una cierta cantidad de dinero en mi cuenta de vez en cuando.

martes, 16 de marzo de 2010

Cuento: 110

Brent yacía en la loza fría del piso de su terraza. Ya llevaba 44 estrellas contadas (45,46) -¿Cuánto tiempo ha pasado?- (47,48) Contaba estrellas para evitar pensar en lo que acababa de suceder, esperaba calmarse, era una persona muy espiritual y no quería arrastrar malas energías antes de irse. (49, 50) –No creo que mucho- (51, 52) Había pasado una hora, la noche estaba alcanzando su plenitud y el silencio ya no era violado por el ruido del motor fugitivo, ahora se había vuelto abrumador, un poco insoportable. El cobijo de la oscuridad alentaba el ritual astronómico con el que Brent se había obsesionado (53, 54) -¿Cuánto faltará?– (55, 56) “La casa del Turpial” era la escena, la casa vacacional de Brent Hinds y su señora (57, 58) –Maldita perra– (59, 60) Era un lugar paradisíaco apartado en los bosques de Montana, en Snowy Mountains, el sueño de un ermitaño. Brent no había venido solo, ahora estaba solo, después quien sabe. Era un misterio su futuro, pero el miedo por lo desconocido casi no se sentía en comparación con la rabia latente de quien se ve traicionado. Por eso había que seguir contando. (61, 62, 63, 64) - ¿Cómo pudo hacerlo? ¡¿Por qué?! – (65) Brent amaba a su esposa, ahora la odiaba -Esa puta bastarda- después, no sabía. (66) – ¡Maldita! – Brent desgarró el silencio con un grito de dolor. El piso estaba cada vez más inundado, curiosamente no de agua. (67, 68) Brent aulló una vez más, esta vez de dolor físico. (69) Intentaba no perder la cuenta, pero lágrimas comenzaron a llenar sus ojos, nublándole la visión. Brent sabía que ese no era el mejor momento para derrumbarse, así que respiró hondo, cerró los ojos y recordó un cumpleaños de su niñez; su amigo Billy le había regalado las últimas dos tarjetas de baseball que le faltaban para completar su álbum, fue un día muy feliz. (70, 71) Había conservado el álbum desde entonces y ahora costaba una pequeña fortuna. En este momento debía estar en su casa en la ciudad, perfectamente situado en una vitrina de la sala, a la vista de todos los ojos curiosos y avaros que preguntaban por él cada vez que era nombrado en alguna conversación. Recibió muchas ofertas tentadoras pero nunca quiso venderlo, era uno de sus pequeños tesoros de la infancia; aparte que el dinero nunca fue un problema, o al menos eso pensaba. (72, 73) – Huele a flores – (74, 75, 76) Suzanne usaba un perfume de flores, pero no, esa no era la fuente del olor. Ella se había ido hace un poco más de una hora (77, 78) – Quizás nunca estuvo – (79, 80)

Suz era una visión de mujer, labios finos, nariz perfilada, cabello tan negro como la noche que Brent contemplaba. Era una década menor que él. Después de su desastroso primer divorcio, ella era el frescor y rejuvenecimiento que tanto estaba buscando, ese despertar a la vida que su espíritu necesitaba. La diferencia de edad nunca fue un problema, o al menos eso pensaba. (81, 82) – Quisiera amar una última vez – (83, 84) Brent era muy romántico, muy poeta, sentía que contar las estrellas era un acto ceremonioso que lo ponía en contacto con la naturaleza e indirectamente con la verdad del universo; algo se debía develar en este momento tan sublime donde sólo existía él y el universo – Puta – (85, 86) y unos pocos advenimientos del pasado. Si había algún momento adecuado para que la visión divina se descubriera en su mente humana, era ahora. Empecinado e impaciente, Brent siguió contando (87, 88, 89, 90, 91) – La saliva me sabe a metal – (92) No sabía si tragar o escupir, se sentía sediento, pero supuso que era algo natural en estos procesos. (93, 94, 95) “Perdóname, Brent” (96, 97) “No eres lo que necesito” (98, 99) – Perdonarte. Por favor. ¿Entonces qué necesitas puta? – (100) Brent se inmutó, - ¿100? – Se asombró de que haya sido capaz de llegar al número 100 -¿Cuánto faltará ahora?– El dolor ya se había ido, le resultaba ilógico que se encontrara tan cómodo y relajado. –Quizás no es ni tan ilógico, quizás esto es así– Un poco de los polvos de Morfeo caían en sus ojos, primera vez que se sentía soñoliento desde que comenzó su faena. (101, 102) – Ciento tres, ciento cuatro – (105, 106) Brent se topa con el cinturón de Orión, la única constelación que sabía identificar. Tres puntos brillantes alineados. Ciento siente, ciento ocho, ciento nueve–

Brent ve una estrella fugaz, la sigue hasta que se pierde de su rango de visión –No pedí mi deseo– Brent bosteza –Ni la conté– Los párpados de Brent se vuelven muy pesados, pero antes de cerrarlos ve otra estrella, esta brilla más que todas, se siente idiota por no haberla visto antes. Era una de las más grandes que había visto en su vida – La más grande que he visto en mi vida – Brent nota que cada vez va creciendo más. Cae en cuenta que es una estrella que acaba de explotar. Leyó sobre eso una vez. Estaba naciendo. –Eres mi señal– Brent sintió amar a la nueva estrella, nunca se había sentido tan exclusivo, tan especial, tan incontenible. Brent lloró de felicidad.
Mientras tanto, en un techo de un carro a 12 km del noroeste de Snowy Mountains, Daniel y Lisa, una adolescente y hormonal pareja, fueron testigos del nacimiento de una estrella, en nombre de ella se prometieron un amor infinito que probablemente en 5 meses terminaría.

sábado, 20 de febrero de 2010

Otra dimensión: mi hermanito

Recuerdo el día que nació, todos los sentimientos de rabia e insatisfacción, frutos de mi malcriadez, se desvanecieron cuando vi aquella bolita rosada durmiendo en su incubadora. Hubo unas complicaciones con la gestación del embarazo, debido a la ya no tan joven edad de mi mamá, pero ambos salieron sanos y salvos.
Sanos y salvos, así es como estamos ahorita todos, yo le doy las gracias a él; en los momentos difíciles mi hermanito sirvió como un pegamento que mantenía unida a la familia, él me enseñó a ser responsable y a pensar en mis actos, ya que como hermana mayor yo era el ejemplo y me tomaba ese cargo muy en serio (aún). Aprendí a la fuerza a cocinar, a limpiar, (a limpiarlo), a no ser tan caída de la mata, a ser precavida, en fin, a ser independiente. De alumna me volví maestra porque tenía a alguien a quien enseñarle y ¡Oh Dios! cuánto le he enseñado, no porque sea una loca obsesiva en cuanto a la educación de mi hermanito, si no porque él es un lunático obsesivo del aprendizaje, todo lo cuestiona, lo analiza, lo reflexiona y ve puntos y perspectivas que los ojos que tienen el triple de años viendo no han captado. En verdad él también ha sido mi maestro, cuando mis conocimientos no son lo suficientemente buenos como para responder todas sus preguntas, me toca investigarlo y entenderlo para traspasarlo del lenguaje de adultos a lenguaje de niños (es por eso que en cierta forma me he vuelto una Nerd).

Me agrada decir que es un 'Mini-me', heredó mi apetito voraz por los dulces (en realidad el apetito de la familia, somos muy dulceros). No entiendo cómo, siempre tiene algún tipo de golosina en su bolsillo, si me provoca comer algo, no acudo a la despensa si no a los shorts, bermudas o pantalones de mi hermanito. Para semejante apetito, sorprendentemente no es gordo, gasta demasiadas energías en aventuras, expediciones, deportes y correteando por todas partes como para engordar. Eso es lo que me encanta de él, nunca se estanca, no recuerdo ningún momento que lo haya visto todo un dia acostado viendo TV, ni enfermo se le quitan las ganas de aprovechar el día; como su superior inmediata, soy la supervisora de todas las travesuras que se le ocurran y sin querer (o queriendo) me arrastra a ellas también, me ha enseñado a aprovechar el día también.
También debo darle mención honorífica a mis padres como influencia de la personalidad tan singular de mi hermanito, con toda la modestia del mundo tengo que decir que todos sus críos somos seres excepcionales. No es que seamos la familia perfecta, pero si estamos muy conformes y felices con lo que tenemos, después de un camino duro de aprendizaje sobre el valor del trabajo, todos hemos luchado por cumplir nuestros objetivos y metas. La llegada de mi hermanito nos dejó un poco cortos de dinero al principio, pero con esfuerzo logramos resurgir, de una manera que aún me intriga y me sorprende porque no fue por interés monetario (no mucho), si no por el amor cegado que le teníamos a ese pequeño ser.

En fin, mejor corto ahorita porque sino no acabaría nunca, resumir en pocas palabras la manera en que mi hermanito cambió nuestras vidas me parece injusto, estos cambios aún suceden y se siguen escribiendo, así que es un ensayo de nunca acabar...
Hace 9 años y medio mi vida giró 180º y siento que para bien; nuestras vidas, o por lo menos mi vida, ha cambiado tan drásticamente que algunas veces no puedo evitar preguntarme ¿Cómo habría sido todo si no hubiera nacido mi hermanito? Pero eso es algo que no sabré nunca (y en verdad...ni quiero saber)

PS: "Otra dimensión es una sección que estrené donde relataré cómo habría sido mi vida si ciertas cosas hubieran pasado. Como pocos sabrán, mi madre tuvo un aborto natural en el 2000, era semana santa."